Durante décadas hubo en Cuba una consigna muy popular: “Sin azúcar no hay país” (atribuida al industrial azucarero cubano José Manuel Casanova).  Algunos consideraban que era una exageración, y se equivocaron. Fidel Castro demostró que era verdad. Hoy en la isla no hay azúcar, y tampoco país.

Con la dramática destrucción de la agricultura cubana, y de la economía en general, que ha causado el sistema comunista ha surgido ahora una nueva consigna: “Sin campo no hay país”. Solo que esta vez no es una frase que pueda aceptarse o no, sino un asunto de vida o muerte que atañe a todos los cubanos de a pie. Se trata de algo tan medular que de no cumplirse habrá hambruna en Cuba.

Lo triste es que esto ocurre en una isla tropical de fértiles tierras que antes de ser ocupadas y devastadas por el régimen totalitario habían hecho de Cuba el mayor exportador de productos agropecuarios de América Latina en proporción a su población, según un informe de 1957 de la FAO.

El país se autoabastecía de carne de res, leche, frutas tropicales, café, tabaco, y en pescados y mariscos, carne de cerdo, de pollo, viandas, hortalizas, y huevos.  Incluso exportaba excedentes en varios de esos renglones. También ocupaba el primer lugar en América Latina en consumo de pescado y el tercero en consumo de calorías, con 2.682 diarias. Había más de seis millones de cabezas de ganado vacuno en un país con una población de seis millones, -una vaca por habitante – y se producían casi 1.000 millones de litros de leche al año.  Se referían a Cuba como propietaria de la mejor ganadería tropical del mundo y había desplazado a EE.UU. en la exportación hacia Latinoamérica de sementales de la raza cebú, unos 1.000 toros anuales.

El estatismo destruyó la agricultura cubana

Al asaltar Fidel Castro el poder impuso una ley de Reforma Agraria para expropiarles a los propietarios de tierras sus fincas, con el supuesto objetivo de repartirlas entre campesinos sin tierra. Asesorado por el Che Guevara, enemigo ideológico de la propiedad privada, Castro no repartió todas las tierras confiscadas a los campesinos, sino que en su inmensa mayoría las estatizó y creó grandes empresas agrícolas estatales como los sovjoses en la URSS y las comunas de Mao Tse Tung en China.

El resultado no se hizo esperar. Inmediatamente se desplomó la producción agrícola y pecuaria y la zafra azucarera cayó de 6.8 millones de toneladas a 3.8 millones entre 1962 y 1963. El país se quedó casi sin divisas para importar alimentos, equipos, y materas primas. Como resultado, en marzo de 1962 surgió la cartilla de racionamiento (“la libreta”) de alimentos, que ya tiene 58 años de vigencia.

Hoy, en vez de una vaca por habitante, hay tres  habitantes por vaca. Hay 3,6 millones de cabezas de un ganado flaquísimo para 11,2 millones de habitantes, y se produce menos de la mitad de la leche que hace 62 años. De café se producían 60,000 toneladas de gran calidad, que Cuba exportaba a todo el mundo. Hoy se producen 8.000 toneladas.

Un tercio de las tierras cultivables están ociosas

Increíblemente hoy en la isla casi el 33% de las tierras cultivables están ociosas, no producen nada, incluyendo 1,3 millones de hectáreas totalmente cubiertas de marabú, una planta silvestre llena de espinas. Y las enormes empresas agrícolas estatales registran algunos de los rendimientos de campo más bajos del mundo.

Los agricultores privados, individuales o en cooperativas, solo disponen del 23,4% de los 6.3 millones de hectáreas de tierras cultivables. El Estado es el propietario del otro 76,6%, incluyendo un  49% en empresas estatales, y el resto son tierras arrendadas por el régimen a unos 244.000 usufructuarios.

Sin embargo, lo asombroso es que el Estado, pese a que dispone de más y mejores tierras, además de tener más equipamiento y recursos tecnológicos, solo genera entre el 10% y el 12% de la producción agrícola y pecuaria del país. El otro 88% o 90% lo producen los campesinos privados y los usufructuarios arrendatarios de tierras estatales.

Sin propiedad privada y mercado libre no habrá alimentos

En resumen: sin propiedad privada y libre mercado no hay economía ni agricultura que valga. Consecuentemente no hay comida.  Se acabaron los subsidios desde el extranjero y las principales fuentes de divisas del país se han derrumbado. No hay dinero para importar alimentos (el 80% del consumo nacional viene del exterior) y la nación se encamina hacia una hambruna de dimensiones desconocidas.

Se impone ya, desde hoy mismo, desmantelar los improductivos y absurdos sovjoses castroguevaristas, entregar la tierra en propiedad a quienes la quieran trabajar, abolir el sistema de Acopio para permitir que los agricultores produzcan libremente y vendan sus cosechas al mercado, a los precios fijados por ellos, autorizar a los agricultores a que puedan importar insumos y herramientas para su trabajo y exportar sus productos.

Como bien dicen en su manifiesto de cinco puntos La Liga de Campesinos Independientes y el capítulo cubano de la Federación Latinoamericana de Mujeres Rurales (FLAMUR): “Sin campo no hay país”.  Y sin agricultura privada no hay campo ni habrá alimentos para la población.

Por Roberto Álvarez Quiñones