A la profunda crisis nacional que sufre el pueblo de Cuba, luego de haber protagonizado la mayor rebelión política de los últimos cien años, se suma el azote ya sin control del Covid-19, también por culpa de la dictadura.

Cada día se rompe el récord anterior de contagiados y fallecidos por la pandemia. El 25 de julio el MINSAP reportó 8,853 nuevos contagios y 80 muertes. El total es de 332,968 enfermos contagiados desde marzo de 2020, y 2,351 fallecidos, con un promedio diario de 75-83 muertes.

Ciego de Avila es ahora la provincia más golpeada, debido a que a las playas avileñas siguen llegando turistas. La mafia militar propietaria de los hoteles se niega a tenerlos vacíos. El 25 de julio fallecieron 32 avileños de Covid-19, el triple que en La Habana (10) y que en Matanzas (9), que era la más afectada, también a causa del turismo incesante de rusos.

Y precisamente desde Ciego de Ávila le llegó al autor de este artículo la triste noticia de que una prima hermana muy querida, Nieves Cruz Quiñones, y su esposo, Alejo Martí, murieron de Covid-19 en esa ciudad hace unos días, sin recibir ninguna atención médica. Los hospitales de esa provincia están colapsados hace tres meses, y como no hay camas disponibles ambos fueron llevados a lo que la población llama “campos de concentración de coronavirus”.  Porque sí que lo son.

Nieves Cruz Quiñones, y su esposo, Alejo Martí, murieron de Covid-19  hace unos días, sin recibir ninguna atención médica

Sin balón de oxígeno, sin medicamentos, y un solo médico

Ella y su esposo, profesores retirados de la Universidad de Ciego de Ávila, fueron llevados al edificio militarizado de la escuela EIDE (Educación Física) en las afueras de la ciudad. Allí no había oxígeno para aliviar siquiera la asfixia de los 96 enfermos de Covid-19 allí recluidos. El único balón de oxígeno era inutilizable porque carecía de la boquilla para inhalar.

Había un solo médico para casi un centenar de pacientes en grave estado, y sin antibióticos, medicamentos de ningún tipo, ni equipos. Familiares del matrimonio contactaron a médicos amigos dispuestos a ir asistirlos, a ellos y otros pacientes, pero las autoridades no lo permitieron. Tampoco los militares a cargo de la EIDE permitieron que regresaran a su casa para que los médicos amigos los asistieran. Ni Nieves ni Alejo estaban vacunados. Les habían dicho que tenían que esperar.

Solo tenía una “gripe muy mala

Unos días antes de fallecer, a Nieves le dijeron que ya no tenía coronavirus, que la última prueba había dado negativa, y lo que estaba padeciendo era una “gripe muy mala”. Y así se lo dijo ella a su hija por teléfono. Y luego de fallecer, tristemente asfixiada, escribieron en el certificado que murió de una “trombosis pulmonar” sin mencionar el Covid

O sea, el MINSAP reduce las cifras de muertes por Covid para no dañar la imagen de la “potencia médica”. Seguramente en Cuba se contagian más de 12,000 personas diariamente, y han muerto más de 5,000.

El colmo es que cuando un familiar le preguntó a una de las principales funcionarias del MINSAP provincial si había algún plan urgente de contingencia para detener el avance del Covid-19 esta respondió “alarmada” que no hay ninguno, y que van a morir muchos más avileños de coronavirus.

La mayor cifra de enfermos en América, muy superior a la mundial

El MINSAP el 19 de julio reportó unos 4.000 contagiados por cada millón de habitantes durante esa semana, la cifra más alta de todo el hemisferio occidental, y nueve veces superior al promedio mundial. Y eso, con cifras manipuladas y todo.

Y es el régimen comunista el culpable. En marzo de 2020, cuando la pandemia ya hacía estragos mundialmente Raúl Castro y sus apandillados no solo no cerraron las fronteras al turismo, sino que lanzaron una campaña publicitaria mundial para que turistas de todas partes viajasen a disfrutar de las playas cubanas. Solo suspendieron el turismo ya con el virus extendido por el país.

Cuba ni siquiera ha presentado los protocolos de sus candidatos vacunales a la Organización Mundial de la Salud. Está usando a los cubanos de conejillos de Indias.

Raúl Castro no aceptó vacunas gratuitas para lucrar con una propia

Tampoco la dictadura aceptó las vacunas de la Organización Mundial de la Salud (OMS) mediante el Programa COVAX, encargado de distribuir 2,000 millones de vacunas certificadas, y gratuitamente a países pobres. En Latinoamérica COVAX ha entregado millones de vacunas a Argentina, Colombia, El Salvador, Paraguay, Bolivia, República Dominicana, Ecuador, Haití, Honduras, Panamá, Perú y otros países.

¿Por qué no las aceptó? Porque a Castro y sus cúmbilas les importa un comino la salud y la vida misma de los cubanos. Lo de ellos es ganar más dólares para seguir enriqueciéndose. Y decidieron fabricar una vacuna para en caso de que fuese exitosa exportarla al mundo entero y ganar miles de millones de billetes verdes.

O sea, mientras en América Latina la gente recibía vacunas gratuitas y probadamente efectivas, los cubanos no se podían vacunar. Muchos meses después, con el virus atacando por todas partes, fue que comenzaron a recibir la vacuna Abdala, sin el debido aval de la Organización Mundial de la Salud, lo que explica por qué vacunados en la isla mueren de Covid-19.

Hasta el 7 de julio de 2021 se habían aplicado 7.0 millones de la vacuna Abdala. Pero el periodista independiente Waldo Fernández Cuenca reportó que luego de aplicarse las tres dosis a cientos de miles de personas en Matanzas se produjo la explosión de contagios y muertes.

La dictadura, encima de que causó el agravamiento de la pandemia, ni siquiera suministra mascarillas a la población.  No hay medicamentos ni en los propios hospitales, que tampoco tienen equipos médicos suficientes. Desde 2010 se han cerrado 64 hospitales. No hay productos de higiene para evitar el contagio. Y si los cubanos salieron en masa a las calles el 11 de julio fue, como decía un cartel, porque “El gobierno es peor que el virus”.

Y aún con el país camino hacia una tragedia humanitaria de grandes proporciones el régimen niega aceptar vacunas gratuitas de la OMS y la ayuda humanitaria que ofrecen Washington, la diáspora cubana y la comunidad internacional.

Es ese otro crimen de lesa humanidad a la cuenta de Raúl Castro y sus secuaces.

Por Roberto Alvarez Quiñones