Durante su intervención ante el Octavo Congreso del Partido Comunista el señor Raúl Castro calificó de inmoral lo que denominó “campaña contra la cooperación médica internacional que presta Cuba”. Así se refirió a los esfuerzos por desenmascarar los oscuros intereses políticos y mercantiles detrás de esta llamada cooperación que la convierten en una forma moderna de trabajo esclavo.

Ya que el señor Castro eligió el calificativo de “inmoral”, podríamos repasar la larga lista de inmoralidades que deja ver el maquillaje corrido de la pretendida potencia médica.

Inmoral es tener a médicos que van al trabajo en bicicleta o en guagua, que trabajan con una escasez crónica de recursos y rinden jornadas de 32 a 36 horas seguidas, porque se les niega el derecho a descansar después de guardias de 24 horas, ganando el equivalente a 60 dólares mensuales, un salario que bordea la línea internacional de pobreza, de un dólar 90 diarios.

Inmoral es aprovecharse de eso, y del temor a represalias políticas, para que estos galenos y otros trabajadores de la salud no tengan otra alternativa, para sostener a los suyos y evitar ser marcados, que separarse por años de hijos, cónyuges, padres, y someterse a una especie de maquiladora en la que se les imponen condiciones identificadas por la Organización Mundial del Trabajo como indicadores de trabajo forzado, incluyendo el despojo de sus salarios ─les quitan entre el 75 y el 95 por ciento según el país de destino─ la retención de sus documentos de identidad; aislamiento y restricciones de movimiento; intimidación y amenazas; condiciones de vida y de trabajo abusivas, y exceso de horas extra.

Inmoral es obligar a estos profesionales a jurar, por encima del juramento hipocrático, lealtad a la revolución, o sea a la casta acomodada; y forzarles a hacer proselitismo político usando como cebo medicinas enviadas desde Cuba, donde no las hay; cuando no son conminados a destruirlas para que el inventario cuadre con la cantidad de pacientes fantasmas, porque también les obligan a reportar consultas que nunca existieron para así abultar la factura que se pasa a los anfitriones.

Inmoral es que esta operación de tráfico humano les reporte a ustedes, los Castro y su séquito,  miles de millones de dólares anuales ─6,400 millones en 2018─ y que digan que se usa para sostener el sistema de salud pública, en el que hay una escasez apabullante de medicinas e insumos, los equipos están rotos, los médicos de la familia están de misión y la gente muere por falta de especialistas y ambulancias, mientras que nada de eso falta en los hospitales como el CIMEQ, para usted, su familia y sus cortesanos, ni en las clínicas que sirven para que ustedes engorden sus bolsillos, como la Cira García y otras del turismo de salud.

Inmoral, y criminal, es privar al país de más de 3,700 médicos y especialistas en medio de la pandemia del COVID-19 para enviarlos al extranjero a ganar millones para ustedes. Claro, porque a los de las Brigadas Henry Reeve, de las que han mandado más de 50 en un año, es a los que más les pagan considerando el riesgo que corren. Pero cuando la epidemia de ébola en Africa Occidental  la OMS pagaba por los médicos cubanos 8,000 dólares diarios, y ellos solo recibían 200.

Inmoral, y criminal, fue mantener, mientras el virus chino devoraba al mundo, las fronteras abiertas, atrayendo bajo el lema “Cuba, un destino seguro” a cientos de turistas contagiados. Y también lo es ahora alterar la causa de muerte de los fallecidos y escribir en el certificado de defunción que fue por bronconeumonía, para que las estadísticas no demeriten a la potencia médica.

Pero todavía más Inmoral, y criminal, es negarse a gestionar las vacunas ya aprobadas en el mundo, que a través del mecanismo COVAX de la OMS salen a 1.60 dólares la dosis, o sea, no más de 35 millones de dólares, con facilidades de pago, para vacunar a los 11,2 millones de cubanos.  No, ustedes prefieren mantener al pueblo cubano de rehén, sin inmunizar ─en pleno apogeo de la pandemia en Cuba─ por lo menos hasta agosto, a ver si entonces está lista alguna de esas vacunas nacionales con nombres politizados.

Y ese sería solo el comienzo, porque para  lograr la inmunidad de rebaño y que la propagación empiece a bajar se requiere que al menos el 80 por ciento de los cubanos  tengan los anticuerpos. Lo que desde luego tardará más meses y permitirá al virus seguir cobrando víctimas entre una población vulnerable por  el abandono de su régimen, que no les garantiza alimentos y medicinas.

Señor Castro, para tachar a alguien de inmoral, la moral suya está en calzoncillos. Si no le da pudor hacerlo, al menos no pretenda evitar que le griten que el emperador anda desnudo. O en ropa interior.

Por Rolando Cartaya