Una vez más las autoridades cubanas recurren a la vieja práctica de falsear las estadísticas o esconder la  información en casos de epidemias, esta vez, en torno al Covid-19.

Diario de Cuba reporta que, en varios hospitales de la isla, en los certificados de defunción de pacientes que habían dado positivo al coronavirus se están consignando como causas de muerte otras afecciones, como bronconeumonía o influenza.

El reportaje señala como las cifras moderadas de  fallecidos y contagiados que ofrece el gobierno se contradicen con el colapso de las salas de terapia intensiva, las morgues y las funerarias. Para hacer más expedito el trabajo de las morgues se suspendieron las autopsias en varios nosocomios, mientras que en funerarias de Santiago de Cuba y Camagüey están implementando velorios comunes con dos féretros por capilla.

Miembros del personal sanitario afirman que en el país existen dos listas de fallecidos por Covid-19: una interna y otra pública.

La llamada potencia médica cubana tiene un largo historial de escamoteo de información y alteración de estadísticas en casos de epidemias, así como de represión contra los que se saltan ese muro. Sucedió con el SIDA, la neuritis óptica a principios de los 90, epidemias masivas de dengue en 1997 y 2012, la fiebre porcina y el cólera. A los pacientes de este último brote los diagnosticaban con “enfermedades diarreicas agudas”.

La falsificación de estadísticas incluso se ha exportado a las misiones médicas en el exterior. En entrevistas con Foundation for Human Rights in Cuba cerca de 40 galenos contaron que les obligaban a inventar pacientes y luego a destruir las medicinas enviadas desde Cuba ─donde son muy escasas─ para que el inventario cuadrara con las consultas reportadas.

El porqué del fraude ahora a nivel nacional con las estadísticas del Covid-19 se le escapó a un dirigente del Hospital Carlos Manuel de Céspedes, de Bayamo, citado por Diario de Cuba: «El prestigio de la salud es más importante que cualquier queja», dijo el funcionario mientras discutía con una madre consternada por la mentira en la causa de muerte de su hijo.

Ese parece ser también el razonamiento que se aplica para el poblado de Torriente en el municipio matancero de Jagüey Grande, una comunidad que está confinada y militarizada después de que la semana pasada al menos seis personas fallecieran, presuntas víctimas de una cepa mutante del Covid-19 o un nuevo tipo de bronconeumonía fulminante.

Un activista relató a Diario de Cuba “Hay carpas con policías, médicos, enfermeras, y tropas especiales en parejas, boinas negras y boinas rojas (fuerzas especiales del Ministerio del Interior y del Ejército). Hay dos escuelas habilitadas para sospechosos. Pero a otros se los llevan a Jagüey Grande o a Matanzas. Ayer mismo se llevaron media guagua (autobús) de gente», La fuente citó a una persona que asistió a una reunión del Partido Comunista y avisó a su familia que no dejaran salir al niño de la casa, porque “no es Covid, sino una cepa”.

Sin embargo las autoridades niegan que haya alguna situación sanitaria especial de gravedad en Matanzas, y han atribuido las muertes en Torriente a previas deficiencias inmunitarias de las víctimas o a que tenían el coronavirus y no se les diagnosticó.

El portal oficialista La Joven Cuba, con sede en la provincia de Matanzas confirmó a través de parientes y amigos residentes en la zona afectada, y familiares de los fallecidos,  que en las últimas semanas han fallecido personas aquejadas de una neumonía de rápido desarrollo, las que habían dado negativo a la prueba PCR de detección del Covid-19.

La publicación digital llamó a no politizar el asunto. Pero según la lógica del régimen sobran “razones de Estado” para hacerlo: necesitan seguir apuntalando con falsedades y escamoteos  su “victoriosa” campaña contra el coronavirus porque aspiran a obtener el Premio Nobel de la Paz para sus brigadas Henry Reeve, a asegurar el turismo regular y promover el de vacunas, y a vender en el extranjero millones de dosis de las que están desarrollando y no estarán listas  hasta, al menos, el próximo verano.

Mientras tanto millones de personas se vacunarán cada día en el mundo con las ya aprobadas, pero los cubanos seguirán meses más sin inmunizarse, contagiándose y muriendo, rehenes de los intereses del gobierno.

Después de todo, los médicos no podrán negarse a seguir justificando los fallecimientos  sacando del Vademecum alguna otra posible causa de muerte como influenza, asma, bronconeumonía o edema pulmonar y escribiéndola, aunque se mueran de vergüenza, en los certificados de defunción.