«Tengo tres niños ahora en vacaciones por cuarentena y todo el tiempo piden meriendas y no hay nada que darles. Este país no sirve para nada, aquí no hay vida para nadie: no hay nada de nada, se gana una miseria (…) nadie habla del salario; todo se pone cada vez más caro y no se sabe cómo vamos a sobrevivir», comenta iracundo Ismael, un joven soldador y padre de familia de Mayarí.

Janner, otro cuentapropista de Mayarí dice muy preocupado: «un litro de aceite, si aparece en la calle, es en 100 pesos o más, al doble o al triple (…) hay gente que ha pagado la carne y el arroz a 50 pesos la libra, ¿pero yo de dónde? Lo que gano es una miseria, no llega a 500 pesos…”

Testimonios como estos dos que un periodista independiente captó recientemente en Mayarí, Holguín, habría millones si a cada cubano le preguntan cómo le va en su vida diaria “revolucionaria”.

Un solo litro de aceite, comprado en la bolsa negra porque el Estado no lo ofrece, a Janner le ha costado el 20% de su ingreso mensual (20.8 dólares). A nivel del país, con un salario promedio de 1,067 pesos (44 dólares), para comprar un litro de aceite hay que dar el 9.4% del ingreso mensual. Es como si en EEUU (ingreso per cápita de $5,440 mensuales en 2020), un litro de aceite costara $511 dólares. No es broma, sino pura matemática.

La crisis socioeconómica cubana se agrava por día. Escasean críticamente, además del aceite, el pan, leche, viandas, carne de puerco y de res; pollo, huevos, pescado, frutas, vegetales, sal, café, medicamentos básicos, gasolina, transporte, agua potable, jabón, pasta dental y demás productos de higiene. Los edificios se derrumban y aplastan niñas escolares. Los cubanos no viven en el siglo XXI, sino en el medioevo. Son más pobres que nunca en toda su historia.

La policía tira a matar

Pero Raúl Castro y su entorno político-militar no dan más espacio a la iniciativa privada para aliviar la dramática escasez de todo, y encima les imponen más prohibiciones. Con el pretexto del Covid-19 la represión física brutal se ha disparado. Tanto, se han incrementado los sucesos en que la policía dispara a matar y ya ha asesinado a dos jóvenes.

¿Hasta qué grado se agravará la tragedia de los cubanos de a pie? Hasta que la crisis no afecte a la élite político-militar que ostenta el poder. Exceptuando a su hijo putativo, el chavismo en Venezuela, ningún gobierno en la historia de América ha estado tan divorciado de las necesidades más elementales de sus ciudadanos.

Un Estado mafioso capitalista, y otro civil en la quiebra

Si bien el castrismo se ha caracterizado siempre por ese divorcio criminal, nunca fue tan grotesco. Algo de lo que se habla muy poco es que cuando Raúl Castro heredó el poder de su hermano lo que hizo en la práctica fue dar un golpe de Estado militar silencioso a toda la institucionalidad oficial y civil, incluyendo al mismísimo Partido Comunista. Los convirtió en cascarones aun mas formales que antes solo para dar apariencia de la continuidad del régimen marxista-leninista y ocultar su transición a una dictadura militarista pura y dura de orientación fascista.

Lo cierto es que el castrismo, o más exactamente el raulismo con su vocación militarista, corporativa y mafiosa, realmente cuenta hoy con dos Estados. Uno en poder de los militares, que disponen de las divisas, se ocupan de las actividades económicas rentables (turismo, hoteles, restaurantes, las “shopping”, comunicaciones, telefonía y acceso a internet, comercio minorista, aviación, construcción, etc) . Funcionan como una gran corporación capitalista de Occidente. Gozan de autonomía total. No rinden cuentas ni al gobierno, ni al PCC. Disponen de cuentas personales millonarias y lucrativos negocios en el extranjero. Y tienen el monopolio del uso de la fuerza a través del MININT y las FAR.

El otro es el Estado civil, un mendigo sin recursos financieros que es el que le da la cara a la población. Se encarga de las 1,700 empresas obsoletas estatales irrentables (las más improductivas del mundo), que sirve de fachada para mantener viva la propaganda político-ideológica socialista y “revolucionaria”. Esa que se traga tan a gusto aquella izquierda intransigente y autoritaria del planeta.

El dictador su Junta Militar y ese Estado castrense no tienen discurso político, ni les interesa. Odian los desfiles multitudinarios porque les temen. Desprecian a los “sans culottes” (pobres y desamparados), como hace 250 años eran despreciados por los déspotas monarcas absolutos. No les importa que los cubanos pasen hambre, y hasta que mueran de inanición llegado el caso, si ellos siguen comiendo a todo dar.

Pero la crisis socioeconómica ya no hay cómo pararla si no se liberan las fuerzas productivas. Es muy poco probable que esa anticubana cúpula mafiosa pueda seguir al mando por mucho tiempo más, si no hace cambios fundamentales, aunque sea con el egoísta propósito de extender su existencia.

Por Roberto Alvarez Quiñones