El régimen cubano ha instalado un estado de excepción disfrazado de emergencia sanitaria. El ahora remozado estado policiaco prioriza en su accionar represivo una supresión aún más draconiana de las libertades de información, expresión y movimiento no solo de activistas políticos sino de toda la población.

Esta nueva situación ha cambiado el contexto de la conflictividad en Cuba. Como expresó un conocido actor cubano, Cuba hoy se ha transformado en “una fábrica de disidentes”. Si antes las protestas se expresaban en privado, ahora se externalizan. La fuente de la amenaza a la élite totalitaria cambia. El pueblo es ahora el principal y más inmediato enemigo. Al Ministerio del Interior suman las Fuerzas Armadas Revolucionarias en la tarea de reprimir y controlar la ciudadanía.

En otras palabras: el Estado ya no cree en las masas “socialistas”, sino les teme.

La doctrina de defensa nacional ha dejado de otorgar prioridad a un potencial agresor externo (Guerra de todo el pueblo) y ahora se concibe como guerra de seguridad interna (Guerra contra todo el pueblo). El enemigo inmediato ya no son los marines, sino los ciudadanos. La nueva doctrina de seguridad nacional es parte de la transición del sector dolarizado de la economía nacional del régimen de Socialismo de Estado Burocrático al de Capitalismo de Estado Militar.

Pocas cosas resultan más simbólicas de esta nueva Guerra Contra Todo el Pueblo después que el Estado abandonara el deber de ocuparse de las necesidades populares que el uso de las tropas especiales de “boinas rojas” de las Fuerzas Armadas Revolucionarias. Su novedoso despliegue en las ciudades cubanas refleja el temor creciente de la elite de poder a que una chispa incendie una pradera seca de descontento y desilusiones. Bautizadas como Fuerzas de Prevención del Ejército, estas fuerzas ahora se dedican al “heroico” acoso de humildes carretilleros de frutas y cuentapropistas en las ciudades.

Hambre sin derechos políticos ni civiles

El nuevo estado cubano ha roto el pacto social impuesto por las sociedades comunistas para cooptar a la población: supresión de derechos políticos y civiles a cambio de garantías de trabajo, educación y salud.

Este nuevo régimen de gobernanza se desentiende de las urgentes necesidades de la población generando amplias capas de pobreza y posible hambruna. De la incumplida promesa de Fidel Castro: “Libertad con pan y pan sin terror”, se pasa hoy al “Terror sin pan ni libertad”.

Dos economías paralelas

Un Capitalismo Militar de Estado, mafioso y dolarizado, se ha creado al interior del Socialismo Burocrático de Estado, que desde hace tiempo es obsoleto e insolvente. El primero lo maneja en su beneficio una opaca elite de poder: el 0.01 % de once millones de cubanos. El segundo lo controla una espesa capa de burócratas políticos y administrativos, por lo general mediocres. Sus privilegios distan de compararse con los miembros de la elite de poder. Esa burocracia, privada de recursos y poder real, solo dispone de consignas para apaciguar el descontento. No tiene capacidad para cambiar las cosas, porque el poder lo monopoliza la insaciable elite de poder que controla los sectores rentables de la economía nacional a través de su imperio económico-financiero: GAESA.

La racionalidad económica de GAESA –amplificar sus márgenes de ganancia en divisas robando salarios, gravando remesas e imponiendo precios de monopolio en sus tiendas– no incluye las inversiones en servicios públicos y producción nacional de alimentos. Esas eran tareas que antes realizaba el Socialismo Burocrático de Estado, hoy en bancarrota, para mantener la lealtad de la población.

Por eso hay que preguntarse: si empeora la crisis socioeconómica actual ¿habría estallidos sociales que pusieran en peligro la gobernabilidad general? ¿Desembocaría al corto plazo esa tensión en la revisión de algunas políticas o en una mayor represión? Si se acude a una mayor represión ¿se fortalecería, a su vez, la tendencia a organizar y escalar la resistencia popular al sistema? Todo es posible. Tampoco se debe perder de vista que el contexto externo también incide en el fortalecimiento y/o debilitamiento de unas u otras posibilidades.

En el actual momento de creciente incertidumbre se abren nuevas opciones –para bien y para mal– a los diferentes actores nacionales e internacionales  involucrados en el tema de Cuba que hasta hace poco eran consideradas no solo improbables, sino imposibles.


(Fragmentos del informe del Observatorio Cubano de Conflictos “La Guerra Contra todo el Pueblo”, por Juan Antonio Blanco y Rolando Cartaya)