Catorce meses después de registrarse el primer caso de COVID-19 en Cuba la pandemia, desdoblada en variantes como cabezas de una hidra, causa sus mayores estragos entre la indefensa población de la isla. Si creemos las estadísticas oficiales del Estado cubano que es un mentiroso crónico, este domingo se rebasaron los 150.000 contagios, y la cuenta se extiende.

Resumiendo el comportamiento del COVID en mayo, el director de Epidemiología del Ministerio de Salud Pública, Dr. Francisco Durán, informó un promedio de más mil casos de contagio y 10 muertes a diario en el mes que finalizó, lo que lo convierte en el de mayor incidencia de la enfermedad en el país.

Pero la población y la prensa independiente creen que el número de contagiados y muertos es mayor, Antonio Fonseca, un residente en el barrio marginal de Romerillo, contó al periodista Frank Correa que vio morir una familia entera de cuatro personas en una misma semana, las que no fueron reportadas en los partes oficiales de fallecidos por Covid-19. Se sabe que para reducir las estadísticas a menudo no asientan en el certificado como causa de muerte el coronavirus.

Y junio podría ser peor: Raúl Ginovart, decano de la facultad de matemática y computación de la Universidad de La Habana, pronosticó una situación “similar o peor que la del mes anterior”, con “una meseta muy alta de casos confirmados diarios”.  Lo más triste es que las cifras de contagio se han disparado entre los menores de edad, incluso en lactantes, con 17.000 en la más reciente oleada, comparados con 800 en las dos primeras.

El gobierno culpa a la población por no aplicar las medidas de prevención, pero es en realidad el responsable de este agravamiento y de los que todavía sobrevendrán, por apostar de manera mezquina a desarrollar una vacuna autóctona para poderla vender, y alardear de ella como otro “logro del socialismo”.

Por eso no quiso participar en el mecanismo de compartición de vacunas COVAX de la Organización Mundial de la Salud. En COVAX podría haber adquirido inmunizadores de comprobada eficacia para toda la población de la isla gastando apenas una mínima parte (unos $ 40 millones) de lo que ingresa anualmente saqueando los salarios de sus colaboradores médicos en el exterior ($6.400 millones en 2018).

Solamente Estados Unidos ha donado $2.000 millones en vacunas de probada eficacia a COVAX. Pero los cubanos, por capricho político de su gobierno, dependerán de unos “candidatos vacunales“ prematuros cuya aplicación consideran “arriesgada” nada menos que los expertos de la Organización Panamericana de la Salud, tan complaciente siempre con el gobierno cubano. La Habana ni siquiera accedió a negociar el envío a la isla de vacunas rusas o chinas, lo que sí hizo su colonia venezolana.

La propaganda oficial se ufana de que Cuba «ha sido el primer país en América Latina en utilizar una dosis producida a nivel nacional contra el coronavirus», pero es, también, el primer país del continente en el que se aplica a la población una «vacuna» que no cumple con el requisito básico de la OPS: utilizarla cuando se hayan finalizado las tres fases de pruebas clínicas y sea aprobada por una agencia internacional.

Para que la pandemia en Cuba empiece a amainar, al menos el 80 % de la población tendría que estar inmunizada, bien mediante la vacunación o por haber sobrevivido a la enfermedad. Pero como van las cosas ─incluidas las muertes─ esta tormenta promete continuar por muchos meses más.

En estado de shock, al ver como en apenas 48 horas se enfermaron en mayo 400 infantes, la doctora y jefe de la comisión nacional de Pediatría del MINSAP, Lissette López confesó en la televisión nacional; “cuando uno lo analiza dice: ‘No, es que no puede ser’”.

No debería ser, doctora, pero es. Y la culpa es de un gobierno egoísta.

Por cierto, el COVID no ha respetado ni a los líderes mundiales: lo sobrevivieron los presidentes Trump de Estados Unidos, Macron, de Francia, y Bolsonaro, de Brasil, así como el primer ministro británico Boris Johnson. Pero no se ha informado de ningún dirigente cubano con COVID. ¿Será que ellos sí se apresuraron a vacunarse, pero no con Abdala ni Soberana, sino con Pfizer, Johnson & Johnson, Moderna?

Algún día lo sabremos, pero para entonces las muertes de ciudadanos de a pie se habrán multiplicado. Por razones políticas ─y lucrativas─ la revolución “de los humildes, por los humildes y para los humildes” relegó la protección de su salud en medio de la peor pandemia mundial desde 1918.