La dictadura cubana ha militarizado desde el pasado 2 de mayo el acceso y entorno de un conocido hospital público de la capital para usarlo como centro de secuestro, detención arbitraria, incomunicación y tortura del joven artista Luis Manuel Otero Alcántara. La Fundación para los Derechos Humanos en Cuba está actualmente procesando como represores violentos a aquellas personas que en ese hospital están cooperando con la Seguridad del Estado en infligir daños temporales o irreversibles a Otero Alcántara. 

Esta es la última infamia de una élite de poder que usa la medicina como herramienta de diplomacia y propaganda al tiempo que la emplea como instrumento diabólico de su represión. El uso de los servicios médicos para la tortura y asesinato de disidentes ha sido una práctica represiva durante estas seis décadas.

No hay detención ni acusación policial, ni jueces que tengan que dar la cara para dictar sentencia, ni hay juicios que provoquen la condena pública mundial. Son médicos, psiquíatras y sus diagnósticos quienes se encargan de ejercer la represión.

El gobierno cubano ha hecho uso de médicos y enfermeros corruptos para torturar con electroshocks, drogas y otras prácticas. El asesinato político es parte de esa historia porque la medicina facilita su encubrimiento. Ha habido casos como el de Laura Pollán, fundadora de las Damas de Blanco, quien murió en el mismo hospital donde ahora está Otero Alcántara en condiciones no aclaradas de forma independiente.  No pocos disidentes, como es el caso de los hermanos Ruiz Urquiola –Omara y Ariel– han sido también víctimas de la inoculación de enfermedades, la negativa o demora en proveer las terapias correctas y el suministro de placebos en los tratamientos.

La élite de poder cubana también ha transformado las brigadas médicas en un modelo de negocio esclavista. Les roba entre el 70 al 90% de los salarios a los médicos y no los invierten luego en el sistema de salud pública. En medio de las agudas carencias de fármacos, ha privado a los ciudadanos de acceso a medicinas básicas, como analgésicos y antibióticos. Sin embargo, exporta medicamentos junto con esas brigadas para luego a menudo destruirlos. De ese modo justifican haberlos usado con pacientes inexistentes cuya pretendida atención cobran a los gobiernos anfitriones. Si algún galeno intenta escapar de ese criminal arreglo se le impide visitar su país por un periodo no menor de ocho años.

La Fundación para los Derechos Humanos en Cuba apoya las valientes denuncias de los médicos y enfermeras que dentro y fuera de la isla se están organizando y dando testimonio, sea de forma individual o colectiva, de cómo el gobierno cubano los usa y presiona para que traicionen su humanitaria misión y su juramento hipocrático. Ellos representan hoy la dignidad de ese gremio.

¡Cese de forma inmediata e incondicional la detención arbitraria, aislamiento y torturas psiquiátricas a Luis Manuel Otero Alcántara! ¡Cese el uso de la medicina para fines mercantiles y represivos!

Fundación para los Derechos Humanos en Cuba