Un residente de la provincia de Mayabeque, al sur de La Habana, @PedroPerezCuban lamentaba en Twittter la ausencia de alimentos básicos como pollo, leche, queso y café, incluso en las nuevas tiendas creadas por el gobierno para recaudar moneda convertible. Y concluía diciendo: “La pregunta del cubano es: ¿Qué les hacen a los dólares que recogen?”.

“¿Dónde está mi dinero?”, se preguntan igualmente los médicos enviados a prestar servicios en el exterior, a los que el gobierno de la isla despoja de entre 75 y 90 por ciento de lo que pagan los países anfitriones, y que ven que el sistema de salud cubano carece de recursos elementales y los pacientes no encuentran los medicamentos que necesitan.

“La gente se nos está muriendo aquí (…) sin medicinas y sin nada”, asevera el doctor bayamés Alexander Jesús Figueredo Izaguirre, quien asegura que la culpa no es del embargo, pues a las misiones médicas en que participó en Venezuela las proveen desde Cuba con todos los recursos (médicos, medicinas, equipos). Esa exportación de servicios médicos es una gran entrada de moneda convertible -6 mil 400 millones en 2018- sobre cuyo destino nadie rinde cuentas.

Hay otros importantes ingresos de moneda dura que nadie fiscaliza, como las que recibe el grupo empresarial militar GAESA por el turismo, los envíos de remesas, las tiendas en divisas y las telecomunicaciones, entre otros sectores controlados por ese pulpo. Los propios trabajadores del turismo son esquilmados acudiendo a trucos de prestidigitador con las dos monedas:  por ejemplo, donde la firma extranjera paga  un salario de 420 dólares mensuales, el trabajador cubano  recibe 260 pesos moneda nacional, equivalentes a 9.80 dólares, y la agencia empleadora Almacenes Universal,  otro tentáculo de los militares, se queda con los $410.20 restantes.

Entonces, pregunta el cubano, ¿qué  hacen con los dólares que recogen?

Afortunadamente  en estos tiempos en que la información viaja como una liebre por el ciberespacio se van conociendo los destinos de ese dinero.

La semana anterior el medio Cubanet publicó el reportaje “Nietos y parientes de Raúl Castro, el otro saco de papas podridas”, donde se revelan los privilegios de la familia del general de Ejército, ex gobernante y primer secretario del Partido Comunista: dueños de casas de alquiler, bares y otros negocios en Cuba, imbricados en negocios internacionales, con autos y mansiones de lujo y vacaciones en Europa o en la casa de la familia en Varadero, conectados con el jet set internacional y sabedores de que su sangre azul les dispensa de las privaciones y obligaciones del cubano de a pie.

¿Cómo justifican ese tren de vida? En realidad no tienen por qué, ni la Contraloría ni la Fiscalía, ni la Asamblea Nacional van a pedir cuentas a estos hijos de papá y nietos de su abuelo, miembros de una casta que se ha adueñado de todo lo que genera divisas en el país y utiliza su aparato de inteligencia y sus relaciones con criminales y terroristas para generar otros dividendos  ilícitos y secretos fuera de Cuba.

¿Qué otro destino tienen “los dólares que recogen”? Pues fortalecer las fuerzas represivas y a ese mismo aparato de inteligencia y contrainteligencia que no se ocupa tanto de enemigos externos como de mantener, si no sojuzgados, al menos amenazados  y vigilados a los ciudadanos, hartos de tanta opresión y miseria.

El periodista exiliado Juan Juan Almeida reveló esta semana detalles del nuevo Centro de Monitoreo creado por el Ministerio del Interior castrista para espiar en internet, redes sociales y hasta en las calles las opiniones de disidentes, periodistas independientes y la ciudadanía en general.

Sito  en el exclusivo Reparto Kohly, y con tres turnos de trabajo, el centro ha recibido un presupuesto de siete millones de dólares, así como equipos chinos de última generación para el espionaje electrónico. Cuenta además con  dos furgonetas  Kia acondicionadas para “monitoreos” móviles en espacios públicos.  Según Almeida, su directora,  de nombre Midala, despacha todos los jueves con tres oficiales de la contrainteligencia- Pero últimamente está asistiendo a esas reuniones el todopoderoso general Alejandro Castro, único hijo varón del general de ejército.

Como se puede apreciar, los intocables del castrismo no solo gastan el dinero que le roban al pueblo en placeres y corruptelas. A diferencia del Macbeth de Shakespeare, intuyen que ya no es imposible que un día empiece a acercarse a sus palacios el bosque de la ira popular, y gastan para evitarlo. Hasta que el bosque se incendie alrededor de ellos.