En medio de la crisis económica agravada por la pandemia del COVID-19 y guiñándole el ojo a un nuevo presidente estadounidense que podría retomar la generosa política cubana de Barack Obama, el Gobierno de Cuba anunció que eliminará el listado de 127 categorías autorizadas de trabajo por cuenta propia (privado), y dejará en su lugar una relación de 124 actividades prohibidas “total o parcialmente”.

La decisión considerada en julio pasado dentro del llamado “ordenamiento económico”, un paquete de medidas dirigido a reactivar la economía y que tiene como centro la unificación de las dos monedas que se usan en la isla, permitiría en teoría a los cubanos ejercer el autoempleo en más de 2.000 actividades, manteniendo restringidas las “consideradas ilícitas para todos los actores económicos o prohibidas expresamente por ley”.

Resulta irónico que esta reversión del enfoque oficial sobre el trabajo privado fue propuesta en marzo de 2016 por un brillante economista que fue despedido apenas un mes después del Centro de Estudios de la Economía Cubana, acusado de «irresponsable» y «negligente».

En una extensa entrevista con la publicación católica Palabra Nueva en marzo de 2016, Omar Everleny Pérez Villanueva criticó la lentitud del Gobierno para permitir que nuevos oficios se sumaran al emprendimiento privado.

«Es preferible una lista con las que el Estado no quiere aún aprobar, y dejar las demás a la iniciativa popular», expresó. «Pero estar definiendo los oficios que se quieren y los que no se quieren no me parece en estos momentos muy lógico”.

Cinco años después y presionado por la profundización de la crisis, el gobierno adopta la recomendación del economista “tronado”. Muchas otras sugerencias lógicas suyas siguen durmiendo el sueño eterno. “¿Por qué no permitir una consultoría de abogados, una oficina de arquitectos? Ha llegado el momento de pensar en qué más se puede abrir», enfatizó en la misma entrevista Everleny Pérez, proponiendo que se permitiera el empleo privado de la nutrida fuerza de trabajo calificada de Cuba.

Otra modificación que se mantiene en limbo desde 2016 es la autorización de pequeñas y medianas empresas, incluida en los documentos del Partido Comunista “Conceptualización del Modelo Económico y Social” y el “Plan de Desarrollo hasta el año 2030”, dados a conocer en mayo de ese año.

¿Por qué el gobierno tarda tanto en adoptar o, simplemente, nunca adopta medidas sensatas como estas? El experto indicó la respuesta al reconocer en su diálogo con Palabra Nueva que el abordaje de la economía en Cuba «siempre ha tenido un sesgo político».

De hecho, a pesar de la irrentabilidad comprobada de numerosas empresas estatales, el gobierno sigue insistiendo en que el sector estatal es la clave para el futuro del país, y aunque reconoce el papel del sector privado en la economía, lo sigue viendo como un mal necesario que hay que mantener bajo estricto control. Los micronegocios que existen no pueden registrar su propiedad, importar y exportar libremente, recibir inversión extranjera directa ni contar con un mercado mayorista de insumos estable, entre otras muchas trabas.

Ahora, al anunciarse esta medida en apariencia liberalizadora sobre el levantamiento de los límites al ejercicio del trabajo privado, se dice desde la oficialidad que “va a posibilitar desatar las fuerzas productivas en este sector».

Pero en la misma reunión del Consejo de Ministros que decidió implementarla se anunció un aumento de las multas y una ampliación de las contravenciones para el sector privado. Medidas restrictivas anteriores como el tope de precios impuesto por el Gobierno condujeron a que casi la mitad de las licencias concedidas para trabajos por cuenta propia fueran devueltas en 2020.

Habrá que ver si en su concepto de liberación de las fuerzas productivas del país el gobierno cubano está también dispuesto a renunciar a la principal actitud que las mantiene encadenadas. El “irresponsable” Everleny Pérez la esbozó en 2017, mientras participaba en Miami como independiente en la reunión anual de la Asociación de Estudios de la Economía Cubana: «Cuba”─lamentó─ “es el único país del mundo que persigue la riqueza y no la pobreza».

Por Rolando Cartaya