Muchos cubanos creen que su prosperidad depende de las elecciones en EEUU. No es cierto. Dependen de una elección personal: exigir, aquí y ahora, su derecho a la prosperidad.

Si se confirma al Partido Demócrata como ganador de estas elecciones, la realidad es que un nuevo gobierno en Washington que sea más acomodaticio con Castro no traerá por sí solo una bonanza a la población cubana.

El embargo que existe es contra el estado cubano, no están prohibidas las transacciones comerciales ni financieras contra aquellos que sean genuinos campesinos y emprendedores privados. Ellos pueden importar y exportar libremente de Estados Unidos y atraer inversionistas de cualquier país a sus negocios.

El bloqueo es interno. Lo ejerce el estado contra ese embrión del sector privado para que no prospere al precio de mantener a la población entera de rehén de su egoísmo. Pero si mañana se levantase el embargo- lo cual no es hoy probable- mejorarían algunos negocios de los militares de GAESA y, en mucha menor medida, de los emprendedores vinculados al turismo, pero la población no saldría de su creciente pobreza. ¿Por qué? Por el bloqueo interno.

Estados Unidos no es un país totalitario. Es capitalista y democrático. Sea quien sea el presidente es una economía de mercado y a los propietarios privados no le pueden ordenar que “ayuden a Cuba”. Los inversionistas y comerciantes deciden establecer relaciones con un país de forma Individual y por razones diferentes a las de sus gobiernos.

La solución a la economía cubana es promover la inversión nacional o extranjera-para incrementar la producción nacional y establecer un Estado de Derecho que provea seguridades legales, tribunales independientes, garantías a la propiedad privada, contratación directa de la fuerza laboral y otros muchos detalles que son minuciosamente revisados antes de siquiera considerar hacer una inversión. Su misión es hacer crecer su capital, tener seguridad para su inversión y ejercer la libertad para comprar y vender donde más rentable le resulte

Si la élite de poder cubana a fin de mejorar las relaciones bilaterales piensa tirar unas migajas en gestos que puedan luego revertir a su antojo, eso no les traerá la catarata inversionista que hoy necesitan.

Soltar a algunos presos, tolerar un poquito a disidentes incómodos, detener por ahora los actos de repudio y las largas condenas, o incluso reabrir los mercados campesinos, no son sustitutos de la reforma radical que los inversionistas consideran necesaria antes de arriesgar su capital en un país disfuncional, autoritario, con líderes octogenarios, una burocracia incompetente y una infraestructura en ruinas. Joe Biden, Kamala Harris, Bernie Sanders e incluso la congresista Ocasio-Cortez no pueden obligar al capital cubanoamericano o estadounidense a invertir en esas condiciones.

¿Entonces? La prosperidad de los cubanos depende de ellos mismos. De su capacidad de rebelarse para establecer un Estado de Derecho donde todo individuo tenga la libertad de producir y vender libremente el fruto de su trabajo, hacer crecer su inversión y no estar maniatado por un sistema que bloquea las fuerzas productivas, las libertades básicas y su derecho a la felicidad. De exigir su derecho a tomar las riendas de sus vidas.

La reapertura de los mercados libres campesinos y la expansión del trabajo por cuenta propia no ocurrieron en 1994 por presiones de Washington, sino porque el “maleconazo” alumbró al dictador sobre los límites de su despotismo.

El poder del pueblo es real, pero solo cuando se decide a ejercerlo.

¡Sí se puede!