En recientes artículos los respetados economistas cubanos Carmelo Mesa-Lago y Emilo Morales describían un lóbrego cuadro económico para Cuba, con el desplome de indicadores como los ingresos por servicios profesionales, la inversión extranjera, las llegadas de turistas, el comercio y el suministro petrolero de Venezuela, la disminución de exportaciones, los incumplimientos de pagos de la deuda externa y a proveedores, y hasta la caída de la producción nacional de petróleo.

Entre los principales factores de lo que Morales llama “la tormenta perfecta” a la que se avecina Cuba, se citan la crisis venezolana, las medidas de Estados Unidos (para presionar a La Habana a retirarse de Venezuela) pero sobre todo la inercia en que se mantiene la economía nacional, con un sector privado asfixiado y una empresa estatal subsidiada, ineficiente y presa de la centralización.

La mayoría de los economistas, incluso los más orgánicos con el régimen, sugerían y esperaban reformas estructurales más  profundas ─ congeladas desde 2017─ en este último campo, el único de los tres que el gobierno puede controlar, a fin de liberar las fuerzas productivas del país y romper el círculo vicioso de la crisis.

En lugar de ello lo que se ha dado a conocer son unas medidas desesperadas para apoderarse de los únicos ingresos en moneda dura que se mantenían en alza: las remesas familiares (unos $3.600 millones el año pasado).

Comparison of remittances in cash and total remittances with the 7 main sectors of the Cuban economy (in millions of dollars), 2008-2016. Source: Havana Consulting Group

Ya el Estado recaudaba una parte de esos aportes, que reciben entre un 30 y un 40 por ciento de los cubanos, a través de las llamadas Tiendas de Recaudación de Divisas. En ellas el margen de ganancia sobre las ventas es de más del 200 %. Pero alrededor de mil millones anuales salían de la isla en manos de particulares (las llamadas “mulas”), bien a fin de comprar insumos para el sector privado o para comprar, con fines de reventa, electrodomésticos de alta gama, piezas de automóviles y otras mercancías que el Estado no oferta.

O no ofertaba, porque ahora el Estado comunista no quiere que se le escape ni un solo dólar.

Aprovechando su monopolio sobre la importación, se dispone a crear una maquinaria para que los que envían remesas a sus familiares en Cuba las depositen en cuentas en dólares u otras monedas convertibles que deben abrir en bancos del estado cubano. EL CUC vigente desde 2004, que según se asegura en cada billete “es canjeable por divisas libremente convertibles”, no se aceptará. Y es que en realidad hace mucho que su tasa de cambio dejó de ser real y transparente.

Como tampoco lo parecen los precios de algunos de los equipos que se anunció se venderán. Los funcionarios encargados del anuncio dijeron que “serán competitivos con los existentes en el mercado minorista de los países de nuestra área geográfica”. Pero los ejemplos ofrecidos ya se notan inflados para su categoría, y además se aclara que no serán precios fijos.

Muchos cubanos de la isla deslumbrados por la posibilidad de adquirir estos soñados bienes de consumo, y muchos del exterior que desean proporcionar a sus seres queridos el mejor nivel de vida posible bajo un régimen de sobrevivencia, podrían morder el anzuelo y depositar en estas cuentas un dinero que ya nunca más verán en sus manos. Hay que recordar que este es el mismo sistema bancario cubano que hace unos años prohibió temporalmente a los inversionistas foráneos repatriar sus ganancias mediante el llamado “corralito financiero”. Si eso les hicieron a los extranjeros ¿qué no les harán a los cubanos?

Bajo este régimen esencialmente policial y represivo, no hay que descartar tampoco que las medidas sean complementadas, alegando una razón de Estado, con una prohibición a los particulares de importar (aunque sea como un limitado equipaje) lo que pueda hacerle competencia al pulpo estatal.

Esta nueva versión de las casas del oro de finales de los 80, donde el gobierno cambiaba el metal dorado, las joyas,  las antigüedades y otros objetos de valor por ventiladores y grabadoras de tercera categoría, no es más que una medida desesperada para conseguir divisas que seguirá postergando lo que es a todas luces impostergable: al decir de Emilio Morales, para evitar que el país caiga en el ojo de la tormenta perfecta “Díaz-Canel y sus manejadores solo tienen una salida: facilitar una solución al tema de Venezuela e implementar verdaderos cambios estructurales en la economía”.