Ta vez la mayor mentira del régimen castrista en los últimos años ha sido el carácter “coyuntural” que le da a la crisis que sacude a la nación, para lo cual falsea datos y estadísticas, o las inventa,  y oculta las verdaderas.

Gracias a indagaciones del economista cubano Carmelo Mesa-Lago se han podido conocer algunas de las estadísticas reales. La escasez de combustible no solo se debe a la incapacidad de Venezuela para suministrar petróleo, sino a que la producción cubana de crudo cayó un 31% entre 2003 y 2017. De 3.6 millones toneladas métricas bajó a 2.5 millones. Y la de gas natural disminuyó un 20.4% entre 2007 y 2018, de 1,218 millones de metros cúbicos a 970 millones.

Venezuela entregó a Cuba 105,000 barriles diarios de petróleo en 2013, pero en lo que va de 2019 apenas ha llegado a 40,000 barriles diarios, un desplome de un 62%, que Cuba no ha podido suplir con combustible de otros mercados porque no tiene dinero, ni nadie le presta un centavo pues no paga ni los intereses de los créditos comerciales que adeuda.

Para cumplir con el castrismo Caracas tiene dos problemas: las sanciones de EEUU contra las navieras y barcos tanqueros que llevan petróleo a Cuba, y el descenso imparable de su producción petrolera. De 3.5 millones de barriles diarios en 1998, ahora logra unos 700,000. Y seguirá cayendo dicen los expertos.

La economía cubana es parasitaria, no se sostiene a sí misma y requiere de unos $22,000 millones anuales –sin contar el petróleo regalado por Venezuela– para mantener el precario nivel de vida de los cubanos en los últimos años.

La isla tiene cuatro fuentes principales (conocidas) de divisas: la explotación de médicos cubanos en el extranjero, el turismo, las remesas y las exportaciones de bienes. Las tres han declinado peligrosamente.

Los ingresos brutos por el turismo, según datos oficiales, descendieron un 9% en 2018.  Y se estima que con la prohibición de los viajes de cruceros a la isla los ingresos habrán disminuido a fines de año en $980 millones. Y se trata de ingresos brutos. En términos netos el turismo aporta un 35% de todo lo captado porque salen de la isla 65 centavos por cada dólar recibido para importar lo necesario para mantener esa industria funcionando. Encima, el flujo de visitantes europeos está cayendo. En el primer semestre de 2019 seis de cada diez habitaciones hoteleras en la isla estuvieron vacías. Un desastre.

El saqueo de salarios de los médicos en el exterior cayó $8,000 millones entre 2013 y 2017 a causa de la crisis económica en Venezuela, a lo que hay que agregar la salida de 8,000 médicos de Brasil.

Las remesas en 2018 ascendieron a $3,692 millones, pero se espera que desde EEUU disminuyan en 2019 debido al límite de $1,000 dólares trimestrales por persona recientemente aplicado. A propósito, esos $333 dólares mensuales superan siete veces el salario promedio en Cuba ($44). Y las exportaciones de bienes, que en 2018 sumaron $2,406 millones, caerán aún más. El país este año produjo cinco veces menos azúcar que en 1925, y hasta tiene que importarla.

En fin, las cuatro fuentes de divisas probablemente no lleguen a los $12,000 o  $13.000  millones de dólares en 2019.  Mucho menos de lo que necesita el gobierno para importar alimentos, medicamentos, materias primas, equipos y artículos de consumo. El país produce tan poco que se crea un círculo vicioso fatal: hay que importarlo casi todo, pero no se generan los recursos para ello.

Este dramático panorama es cualquier cosa menos “coyuntural”. Es estructural. Simplemente sin subsidios y petróleo gratis la economía cubana no puede sobrevivir. Y no hay ya salvavidas que la rescaten. El “período especial dos” esta vez es terminal. El modelo estalinista está herido de muerte.  El dueto Raúl Castro-Díaz-Canel lo sabe y no debe mentir más. O abre la mano, o la sociedad cubana comenzará a “construir” la Edad Media.