La Fundación para los Derechos Humanos en Cuba pide la salida de los cubanos de Venezuela

MIAMI (martes, 6 de enero de 2026) — La Fundación para los Derechos Humanos en Cuba (FHRC) reconoce y felicita al presidente Trump y a las Fuerzas Armadas de Estados Unidos por la rápida y valiente captura del expresidente venezolano Nicolás Maduro, por su papel en facilitar el narcoterrorismo y el crimen organizado que se han infiltrado en el hemisferio occidental durante las últimas dos décadas.

“Quitar a Maduro del poder fue un primer paso fuerte para desmontar una red criminal de narcoterrorismo, compleja y extendida, en la región y en el mundo”, dijo Tony Costa, presidente de la FHRC. “Ahora Venezuela enfrenta una prueba decisiva: o recupera completamente su soberanía y regresa a la democracia, o sigue colonizada por el régimen cubano”.

El régimen cubano ha usado a Venezuela como un salvavidas financiero y estratégico para mantenerse en el poder. Desde La Habana se enviaron decenas de miles de personas a través de las llamadas “misiones” —incluyendo médicos, maestros, ingenieros y técnicos— que generaron miles de millones de dólares al año para el Estado cubano. Estas misiones no fueron humanitarias; fueron un negocio del régimen para sobrevivir explotando trabajo forzado y coercitivo en el extranjero.

“Con la amenaza creciente a la seguridad nacional de Estados Unidos, no podemos quedarnos a medias. Mientras no se desmonte el aparato de La Habana y no se saquen de Venezuela todos los cuadros del régimen cubano —personal, estructuras de inteligencia y mecanismos de control— no hay ninguna posibilidad de una transición real. Seguiría el narcoterrorismo y la dominación extranjera”, afirmó Costa.

Aunque la magnitud total del acuerdo entre Cuba y Venezuela todavía no se ha hecho pública, funcionarios cubanos reconocieron que 32 ciudadanos cubanos murieron durante el operativo del 2 de enero, una consecuencia directa de que personal del régimen cubano estaba incrustado dentro de los esquemas de seguridad personal e inteligencia de Maduro.

Desde finales de los años 90, cuando Hugo Chávez y Fidel Castro iniciaron su alianza estratégica, el régimen cubano convirtió a Venezuela en su principal sostén económico y político, con el objetivo de expandir una red global de narcoterrorismo. Desde entonces, La Habana ha desplegado miles de personas a través de las llamadas “misiones” —médicos, maestros, ingenieros y técnicos— que generaron miles de millones de dólares para el Estado cubano. Estas misiones no son humanitarias; son una fuente de ingresos basada en trabajo forzado y controlado por el régimen.

A cambio de petróleo, dinero y recursos constantes, oficiales de inteligencia y militares cubanos se incrustaron dentro del aparato de seguridad venezolano, manteniendo al chavismo en el poder. La inteligencia cubana penetró las fuerzas armadas, la contrainteligencia, la policía política y los sistemas de identificación, construyendo un aparato controlado desde el extranjero para blindar al régimen contra golpes, reprimir la disidencia y proteger un sistema narcoterrorista.

Documentación creíble demuestra que más de 10.000 operadores controlados por Cuba están desplegados en todo el territorio venezolano. Su papel no es de asesoría; es de mando y control. Cuba no solo apoya a Venezuela: controla su estructura de seguridad.

“No hay transición democrática sin la salida de Cuba. No hay fin al narcoterrorismo mientras la inteligencia cubana siga incrustada. Venezuela no puede avanzar mientras el régimen cubano no sea expulsado completamente de su territorio y de sus instituciones”, concluyó Costa.

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