Cubazuela ha puesto en marcha su Plan B: caotizar Bolivia para vender internacionalmente la narrativa de que ha sido víctima de un “golpe military” por parte de una derecha racista, a la que ahora “el pueblo” resiste heroicamente.

Pero en Bolivia el golpe de estado lo dio Evo Morales.  No lo hizo solo con el fraude electoral del pasado mes de octubre, sino cuando hace dos años violó la cláusula constitucional y la voluntad popular expresada en un plebiscito. Tanto la constitución como la población a través del plebiscito decían que no podía aspirar a un cuarto mandato. Evo los desconoció, forzó dictatorialmente las instituciones y se presentó a estas elecciones. Para colmo, cuando vio que las perdía se las robó con un monumental fraude.

No hay golpes de estado contra dictaduras; hay golpes de estado de dictadores –como el realizado por Evo hace dos años– contra los cuales la rebelión popular es un derecho legitimo. Lo ocurrido en Bolivia es una rebelión popular contra un dictador golpista.

Para tergiversar esa realidad, Cubazuela necesita crear artificialmente en el país andino una estética de golpe de Estado para exportación: imágenes de caos, ingobernabilidad, civiles oponiéndose al nuevo gobierno, que a su vez son reprimidos con violencia por militares y la policía. No menos importante es fabricar un presidente exiliado y pretender que sigue siéndolo.

En pocos días ya se aprecia el esfuerzo de sus fuerzas paramilitares de choque por desatar la violencia y caotizar Bolivia. Liderando algunas operaciones claves de financiamiento a los saboteadores, organización de estructuras clandestinas y otras tareas especiales han sido capturados venezolanos, cubanos y hasta uno de los mandos de la principal columna elite de las FARC colombianas.

Se aprecia con claridad que los objetivos civiles de los sabotajes responden a un plan preconcebido para una emergencia como esta e incluyen acciones que se ejecutan de manera sincronizada como las de cortar puentes estratégicos, atentar con francotiradores contra los manifestantes que apoyan al nuevo gobierno, bloquear carreteras, sabotear los servicios básicos de transporte, gas, electricidad y impedir los suministros de alimentos a las ciudades.

Quieren que la prensa internacional equipare a Morales con el orden, y a sus sucesores con la crisis y el caos. Desean provocar la necesaria reacción de las fuerzas policiales para presentarlas como abusivas y criminales.

La recién recuperada democracia boliviana esta siendo atacada y tiene que ser defendida en tres escenarios paralelos: en ese país andino, ante la opinión publica internacional y en los organismos internacionales. Tiene que ganar en los tres de forma simultánea.  

La elite de poder cubana subestimó al pueblo de Bolivia cuando lo creyó sumiso y pensó que se dejaría someter eternamente a Evo Morales. Ahora vuelve a subestimarlo al pensar que se dejara arrebatar, pasivamente, por segunda vez, la libertad.

Juan Antonio Blanco
Director Ejecutivo
Fundación para los Derechos Humanos en Cuba

 

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