La Fundación de Derechos Humanos en Cuba desea declarar lo siguiente.

Somos la institución que solicitó la visa de Estados Unidos y apoyó las gestiones en este país  de la activista Anamely Ramos a lo largo de su visita.

Nos sentimos extremadamente orgullosos de la actitud cívica de esta cubana que ocupando un lugar cimero en las listas represivas del gobierno cubano exige se respete su derecho a viajar a su patria. Nos sentimos honrados de conocerla y poder apoyarla.

Anamely ha recordado con su vertical actitud a los cientos de miles de cubanos que les niegan su acceso a la patria que llegó el momento de movilizarse contra las leyes del destierro, como el 11 de julio lo hicieron por la libertad los cubanos en la isla el pasado 11 de julio. Es hora de decir “se acabó”. No más listas negras. No más “salidas definitivas del país”.

Está establecido –aunque sea violado por gobiernos dictatoriales- que las leyes nacionales se supeditan y no pueden violentar las normas internacionales que haya suscrito el país en cuestión. Lo que digan los códigos en Cuba resulta irrelevante a la luz del derecho internacional y el Artículo 13 de la Declaración Universal de Derechos Humanos no es ambiguo en parte alguna:

Toda persona tiene derecho a circular libremente y a elegir su residencia en el territorio de un Estado.

Toda persona tiene derecho a salir de cualquier país, incluso del propio, y a regresar a su país.

Cuando para no afectar o para expandir sus ganancias, cualquier empresa extranjera, sea cual sea su área de trabajo y nacionalidad, se somete de forma consciente a leyes cubanas que violen los derechos laborales de sus empleados, o en este caso de sus clientes, incurre en complicidad con el estado totalitario cubano. Está siendo cómplice de la violación de las normas internacionales y de las obligaciones adquiridas hacia ellas por los estados de sus respectivos países.

Entendemos que eso es grave y acaba de ocurrir, en territorio de Estados Unidos, al decidir American Airlines negar el abordaje para regresar a su patria –con pasaporte y residencia cubanas vigentes- a la activista Anamely Ramos.

En el aeropuerto de Miami el pasado día 16 de febrero, el equipo matutino de American Airlines a cargo del despacho del vuelo hacia La Habana se negó a procesar a la pasajera Ramos. La única explicación que dieron –mientras se negaron a dar sus nombres y ocultaron sus rostros detrás de mascarillas anti Covid- es que la empresa cumplía la instrucción del gobierno cubano de bloquear desde territorio estadounidense la entrada a Cuba de cualquier ciudadano considerado indeseable aunque tuviese sus documentos cubanos en regla. Al insulto de la decisión se agregó el maltrato de ese grupo de empleados y su supervisor hacia la pasajera a la que trataron como una vulgar delincuente llamando a la seguridad para obligarla a retirarse de toda el área de despacho. Algo que cualquier pasajero esperaría le podría suceder en Cuba con Cubana de Aviación y la policía del régimen, pero no en Estados Unidos con American Airlines.

Es hora de que los cientos de miles de cubanos desterrados en todo el mundo protestemos por esa situación como lo hicieron nuestros compatriotas en la isla el pasado mes de julio. Hoy todos somos Anamely.