¿Es la Cuba que acaba de entrar en el 2022 la misma que entró en el 2021? Es, como quisiera el gobierno que los cubanos pensaran, un país del que “hay que irse porque no hay quien lo cambie”?

La élite gobernante cantará que 2021 fue un año de victorias porque logró mantenerse en el poder ante el mayor desafío de su historia, un levantamiento popular sin precedentes a escala nacional, pero sabe muy bien que lo consiguió desatando una brutal represión de la que el mundo entero fue testigo contra hombres, mujeres y niños; imponiéndoles luego, en juicios de estilo estalinista condenas de hasta 30 años de cárcel.

La visceral reacción represiva de esta casta privilegiada al sentirse amenazada ha hecho que se acabe de disiparse su mitología romántica y que se les pueda ver como lo que son: una dictadura brutal.

Sí, el régimen consiguió contener las protestas masivas, pero para ello tuvo que esforzarse al máximo, al punto de ocupar militarmente las ciudades, algo que nunca había ocurrido en Cuba. Sabe que solo ha conseguido una pausa antes de la próxima ronda.

Ante su desidia e inmovilismo frente a los principales problemas de la gente común, incluida la pandemia del Covid-19, Cuba está cambiando desde abajo, ciudadano a ciudadano. Lo confirma la tendencia ascendente de las protestas públicas desde septiembre de 2020 verificada por el Observatorio Cubano de Conflictos; lo confirma el épico estallido popular del 11J. Y lo confirman los 3.300  actos contestatarios contabilizados por el OCC en 221, incluidos 243 en diciembre, en plena cresta de la ola de terrorismo de Estado.

Pese a la represión la ciudadanía continúa expresando su insumisión por medio de denuncias, declaraciones, cartas, peticiones, videos, carteles, pinturas, y hasta tatuajes relativos al 11J. Son protestas individuales o de colectividades pequeñas, buscando reducir al máximo el riesgo, una tendencia que puede incrementarse en meses venideros. Pero como comenta esta semana el Wall Street Journal, ese genio se salió de la lámpara y no va a regresar a ella.

Sin dudas 2021 representó un parteaguas en la lucha por la libertad en Cuba. El pueblo conoce hoy su fuerza y la oligarquía su debilidad. Después del 11J y ante la convocatoria a una marcha pacífica nacional el régimen combinó los garrotes de la represión con algunas zanahorias, cambios puntuales y cosméticos para crear la ilusión de que todo va a cambiar. Pero ya se conoce su voluntad gatopardiana de cambiar sólo lo que deba ser cambiado para que todo siga igual. Para que haya cambios profundos en Cuba se requiere mantener la presión popular, aunque se necesite transformar creativamente las estrategias y tácticas de la sociedad civil frente al poder.

Cambios en la percepción internacional

También en el ámbito internacional la dictadura mafiosa gobernante entra más débil en el 2022. El año que dejamos atrás fortaleció el concepto de que los cubanos son un pueblo transnacional. Un creciente número de los que residen fuera de la isla se moviliza a boicotear los negocios del pulpo militar-empresarial GAESA que solo benefician a la élite de poder y contribuyen a financiar la represión; y cada vez más se coordinan con el exterior las protestas en la isla.

Sectores y personalidades de la izquierda mundial, incluyendo a celebridades de Hollywood, plantaron cara a la represión plasmada en sus teléfonos móviles por los cubanos. El Parlamento Europeo emitió contundentes resoluciones que condenaron la violencia estatal y han puesto en solfa el Acuerdo de Diálogo Político y Cooperación con La Habana. Aquellas imágenes y las de miles de cubanos gritando en las calles “Libertad” y “Patria y Vida” también han llevado a la administración Biden a mantener casi intacta la política cubana de Donald Trump.

El Journal señala que ese estatus de país renegado le sale caro al régimen, que ya tenía problemas para atraer inversiones y depende en gran medida del turismo para obtener divisas fuertes. Además, ha visto caer a una tercera parte de lo que recaudaba en 2015 sus ingresos por tráfico de médicos.

Pero, como apunta desde La Habana el diario independiente 14ymedio, en lugar de preparar un programa de flexibilizaciones, decretar una amnistía para los presos políticos y lanzar un programa para destrabar las fuerzas productivas, han preferido atrincherarse.

Entonces, ¿es la hora de irse de Cuba o de ayudar a salir de una vez por todas de este sistema inservible, abusivo y obsoleto? “Se acabó, tú 5-9 yo doble dos” coreaba “Patria y Vida”, la canción que se convirtió en himno de las protestas de la sociedad civil en Cuba. ¿Será este “doble dos” que acabamos de comenzar el último año del castrismo?