Diciembre es un mes en que las redacciones de los medios de comunicación elaboran o encargan resúmenes del año, y el diario The Washington Post ya publicó el de su columnista cubano, el periodista independiente residente en la isla Abraham Jiménez Enoa.

El autor comienza lamentando el reciente exilio en Serbia, después de ocho meses en prisión, del rapero contestatario Denis Solís, cuyo injusto encarcelamiento en noviembre de 2020, dice “fue la llama que prendió la mecha de la lucha cívica en Cuba durante 2021”.

El injusto encarcelamiento de Denis Solís “fue la llama que prendió la mecha de la lucha cívica en Cuba durante 2021”.

Recordemos que la demanda principal de una huelga de hambre iniciada por entonces en la sede del Movimiento San Isidro fue la liberación de Solís. El 26 de ese mes los ayunantes fueron desalojados violentamente por efectivos de la Seguridad del Estado disfrazados de sanitarios, lo cual concitó el día 27 otra inusitada protesta de más de 300 artistas e intelectuales frente a la sede del Ministerio de Cultura, y así nació el 27N, otro eslabón en una saga de insubordinaciones cívicas que culminó con las protestas masivas del 11 y 12 de julio de este año en Cuba.

A Denis Solís, dice el autor, los perfiles falsos de la policía política en las redes sociales lo mostraron como un trofeo de guerra, mochila al hombro en el aeropuerto de Varadero. Jiménez Enoa, que está dentro de la isla y siente de cerca el frío de la represión, opina que el exilio de Solís significa, “más que el fin de un año lleno de encontronazos entre la ciudadanía y el régimen opresor, la escena final de otro período en el que el castrismo, pese a tambalearse, logra mantenerse en pie”.

Vayamos por parte: la longevidad del castrismo, basada en su sistema totalitario y brutal es lo que en el periodismo se ejemplifica como perro que muerde a un hombre, un hecho ordinario que ya no es noticia. Pero un pulso entre los ciudadanos y el régimen que ha puesto en peligro su misma existencia ha sido el hombre que muerde a un perro, lo extraordinario del 2021, y por eso hizo titulares en los principales medios informativos del mundo.

Incluso un proyecto cívico que no se llegó a materializar, la convocatoria a una marcha cívica para el 15 de noviembre, obligó al régimen a poner en tensión todas sus fuerzas represivas, su maquinaria propagandística y decenas de miles en gastos logísticos para conseguir militarizar las ciudades y crear un ambiente de terror lo bastante ominoso como para abortar la marcha, sitiando en sus casas a los coordinadores del grupo Archipíélago. Sobra decir que por ese despliegue de intimidación pagó un alto costo político.

El fundador de la revista independiente El Estornudo reconoce con tono sombrío que un año después de la huelga en San Isidro, decenas de activistas, artistas y periodistas que se sumaron a esa batalla por los derechos y las libertades de los cubanos, han tenido también que exiliarse. “Los han obligado al exilio para sobrevivir a la represión desatada por el gobierno de Miguel Díaz-Canel, que busca apagar la revolución ciudadana que emergió a partir de las redes sociales”, explica, y apunta que “los pocos ciudadanos políticos que aún no se han largado están sumamente controlados por los tentáculos del totalitarismo o están encerrados en cárceles”.

Claro que es desalentador que muchos de quienes consiguieron poner al régimen en tres y dos tengan que optar entre marcharse al exilio o ir a prisión. Algunos, sin embargo, como Luis Manuel Otero Alcántara han decidido desde la cárcel que al menos por ahora no se van. Cuando por gestiones de España, la Iglesia y la presión de una huelga de hambre de Guillermo Fariñas por 135 días La Habana decidió excarcelar entre 2010 y 2011 a los 75 prisioneros de la Primavera Negra de 2003, la mayoría de quienes vivieron aquel infierno por siete u ocho años aceptaron ─y nada podía ser más justo─ la opción de irse. Pero hubo nueve hombres que rechazaron la oferta a pesar de que les quedaban muchos años de condena por cumplir, entre ellos Félix Navarro, el actual líder del Partido por la Democracia Pedro Luis Boitel, y el líder de la Unión Patriótica de Cuba, José Daniel Ferrer. Ahora Navarro y Ferrer están de nuevo encarcelados, pero ninguno ha lamentado su decisión de quedarse en Cuba: han sido consecuentes con sus decisiones personales.

Claro que la pérdida de los activistas que se van al exilio se siente, pero no es el apocalipsis. Siempre, desde que Ricardo Bofill encabezó en 1987 la primera ofensiva por los derechos humanos dentro de Cuba, unos han ido a la cárcel, otros al exilio y a otros como Sebastián Arcos, Laura Pollán y Oswaldo Payá la Seguridad del Estado los ha “neutralizado”, léase asesinado, sin que el movimiento haya podido ser extinguido.

Además, la aplastante maquinaria represiva que ha detenido en los últimos meses a casi 1.300 cubanos de los cuales 712 siguen presos, no puede conocer el pensamiento ni la próxima reacción de cada uno de los más de once millones de cubanos, en su mayoría hastiados de opresión, privaciones y mentiras.

Como la dictadura lo sabe, hasta ha diseñado una planilla secreta que deben llenar los delatores de cada cuadra con los datos de los desafectos; pero los últimos 13 meses han demostrado que el sentimiento de hastío e insubordinación se extiende hoy a todos los sectores de la sociedad cubana excluidos de los privilegios de la oligarquía militar-partidista. La élite de poder conoce la envergadura real de esa inconformidad, sabe que la liebre puede saltar en cualquier lugar, y por eso está promoviendo no solo salidas del país de líderes conflictivos, sino un nuevo éxodo masivo.

Estima el columnista cubano del Washington Post que la palabra de orden durante este año en Cuba ha sido “represión”, y que con ella el castrismo sigue avanzando hacia un futuro cada vez más infame para el pueblo y cada vez más próspero para los que gobiernan. Para FHRC las palabras del año han sido “Libertad” y “Patria y Vida”, y opinamos que si el castrismo sigue ofreciéndole al pueblo un futuro cada vez más infame, el 11J no será la última insurrección popular que tendrá que enfrentar.

Así que nos quedamos con el párrafo final de Jiménez Enoa en el Washington Post: “Si algo dejó este 2021, fueron las semillas libertarias que los cubanos lograron sembrar en el cuerpo árido del régimen. Hacerlas germinar, pese a la represión de la dictadura, es la meta primera para 2022 de un pueblo que pide a gritos la libertad”.

Por Rolando Cartaya