La expresión “zanahoria y garrote” suele referirse a una estrategia combinada de premios y castigos, de poder blando y duro, para lograr un fin. En las relaciones internacionales puede ser una promesa de ayuda económica convoyada con una amenaza de acción militar.

También la han usado fuerzas de ocupación para intentar reducir la resistencia de la nación ocupada. En la Checoslovaquia avasallada por los nazis el jefe de las SS y germanizador en jefe, Reinhard Heydrich, organizaba eventos de entretenimiento y almuerzos campestres para los trabajadores y sus familias, mientras reprimía sin piedad cualquier resistencia. Heydrich, sin embargo, pasó a la historia solo por el uso del garrote, como “El Carnicero de Praga”, y por ello pagó con su vida.

El régimen castrista en su Guerra contra todo el Pueblo será igualmente recordado por el uso del garrote, pues solo se acuerda de repartir zanahorias cuando enfrenta una crisis que amenace su poder. Así después de llevar al pueblo contra la pared en los años 90, con apagones, hambruna, falta de transporte y epidemias, sólo hizo cambios cuando quedó aterrado por la manifestación del 5 de agosto de 1994 conocida como el Maleconazo.

Después de esa protesta, a la que se unieron espontáneamente cientos de habaneros, se propició el éxodo ─en cualquier cosa que flotara─ de cerca de 35.000 cubanos por las costas de la isla; se autorizaron las remesas desde el exterior; se permitieron la libre circulación del dólar y el trabajo por cuenta propia, y se abrió el país al turismo internacional.

Pero es un uso gatopardiano de estos incentivos: cambiar lo que resulte imprescindible ser cambiado solo para que todo siga igual. Así, en cuanto apareció en el horizonte la gallina de los huevos de oro (negro) del caudillo venezolano Hugo Chávez, Fidel Castro empezó a recoger el cordel de los cambios: el CUC sustituyó al dólar, y el sector privado fue reducido a fuerza de acoso y represión.

Y así llegamos ahora al tercer trimestre de 2021.

El 11 de julio, un equivalente al Maleconazo en San Antonio de los Baños hizo reacción  en cadena a lo largo de la isla gracias a la Internet. Esta vez, decenas de miles de cubanos salieron a las calles en más de 50 localidades a demandar a grito limpio “Libertad”.

El gobierno que mantenía al pueblo bajo los rigores de la escasez de alimentos y medicinas, una inflación desbocada, y a merced del COVID-19 con un sistema de salud colapsado y sin vacunas certificadas, descargó su garrote con una represión brutal, resultante en miles de detenidos y más de 500 nuevos presos políticos de esta jornada. Entre ellos el veterano opositor Félix Navarro con una petición fiscal de 15 años de prisión y su hija a la que piden encerrar por 11 años.

Pero de nuevo recurrió a algunas zanahorias para tratar de sacarle vapor a la caldera. En esa vertiente del control de daños hemos visto los titulares: “Cuba permite la importación de comida, medicinas y artículos de aseo”; “El gobierno elimina los precios topados que impuso con la Tarea Ordenamiento”; “Correos de Cuba permitirá giros postales a tarjetas en Moneda Libremente Convertible”; “Cuba aprueba las primeras 32 pequeñas y medianas empresas privadas”«Una minera australiana asegura que encontró altas concentraciones de oro y plata en Cuba». Una «medida activa» recurrente del gobierno de Cuba es «encontrar petróleo» cuando hay una crisis. Parece que ese truco estaba algo gastado y ahora recurren a «yacimientos de oro y plata».  Algo parecido al «arma secreta de Hitler» cuando tenían a los rusos a las puertas de Berlín.

Pero no se llame a engaño. Por ejemplo, las pequeñas y medianas empresas aprobadas, que se supone ampliarían las posibilidades de empleo en el país, no podrían crecer más allá de ciertos límites ni multiplicarse ni asociarse a capital de cubanos en el exterior. Y lo de los giros postales solo busca que los cubanos le recauden al régimen entre sus familiares en el exterior más moneda de la que no les pagan.

La campaña se acrecienta con visitas a barrios pobres como el de San Isidro donde inauguran a bombo y platillo una lavandería con una sola lavadora casera automática. O sacando del ostracismo a un alto funcionario defenestrado que algunos ingenuos pudieran asociar con una posibilidad de reformas económicas. O gestionando la visita de un alto dirigente ruso para evocar la era del protectorado soviético. O declarando que han encontrado grandes yacimientos de oro. Gastados trucos para incautos desmemoriados.

Titulares más recientes indican que, mientras publica estos engañabobos, la oligarquía militar mafiosa que detenta el poder real en la isla sigue presta a descargar el garrote. A una petición constitucional del grupo Archipiélago para marchar pacíficamente por el cambio el 20 de noviembre la han declarado “ilícita”, “contrarrevolucionaria” y “con propósitos desestabilizadores” pero, sobre todo, han anunciado ejercicios militares para los días 18, 19 y 20 de ese mes.

Y mientras tanto, entre bastidores, la élite de poder sigue arrimando la sardina a su brasa. Hasta un día no tan lejano, si medimos la presión de la caldera cubana por el estallido popular del 11 de julio.

Poco después de conocer que, en medio de las privaciones del pueblo, la empresa Transtur del Ministerio del Turismo había adquirido 800 autos “cero kilómetros” para ponerlos “pronto a disposición de nuestros clientes en la renta de autos en toda Cuba”, un cubano indignado dejó este comentario en Facebook:

“Para eso sí hay dinero (…) los hospitales son una asquerosidad, los policlínicos igual, no hay medicinas, los enfermos muriéndose, las carreteras destruidas, los puentes llenos de huecos, las casas de los cubanos cayéndose en pedazos, barrios sin agua por semanas, no hay víveres en las tiendas para comer, pero al turismo ustedes sí ‘le ponen corazón’ (…) USTEDES VAN A PAGAR LA FACTURA CUANDO UN DIA EL PUEBLO DECIDA ROMPER LAS CADENAS DE TU DICTADURA, CANEL…!!!!!!”