En un artículo para Cubanet acerca de la histórica resolución recién aprobada por el Parlamento Europeo sobre la represión de las protestas de julio pasado en Cuba, el abogado, periodista independiente y ex preso de conciencia cubano Roberto Jesús Quiñones menciona dos momentos que enmarcan la evolución de la opinión pública internacional respecto a los derechos humanos en Cuba: el tiempo en que nadie escuchaba, y la actualidad, en la que el autor estima que ha llegado el fin de la impunidad del gobierno fósil de Cuba frente a la opinión pública europea.

En verdad, salvo unos cuantos intelectuales y políticos honestos, nadie escuchaba cuando miles de presos políticos cubanos que eran cotidianamente fusilados o víctimas de golpizas, bayonetazos, vejaciones, confinamiento en celdas tapiadas o tortura en las inmovilizantes celdas conocida como gavetas. Esa realidad comenzó a conocerla el mundo décadas después, cuando Armando Valladares consiguió sacar de prisión, para armar un libro, suficientes “balitas”: cartas escritas con letra microscópica en papel cebolla, luego comprimidas y selladas con fuego en una cápsula de nylon, para ser sacadas de prisión secretamente, a veces en alguna oquedad corporal.

La publicación en 1985 de su libro Contra toda esperanzaresonó para la causa de los derechos humanos en Cuba como los martillazos del reformador Lutero al clavar sus tesis en la puerta de la iglesia de Wittenberg: la izquierda mundial se enteró de que su revolución adorada y llevaba ya un cuarto de siglo cometiendo sistemáticamente crímenes de lesa humanidad. Fue entonces que la historia de la lucha por los derechos en Cuba empezó a cambiar.

Sin embargo, debieron pasar 36 años más, surgir y mantenerse en la isla un indoblegable movimiento de derechos humanos y ocurrir una revolución tecnológica capaz de mostrar al mundo en vivo la represión del régimen castrista, para que los europeos condenaran de manera rotunda, dos veces en lo que va de año, a este régimen abusador. Contra cualquier tergiversación del mañoso gobierno cubano, el pasado mes de julio los miembros del Parlamento Europeo pudieron ver multitudes de pueblo en las calles de Cuba pidiendo libertad, y luego, cómo los manifestantes pacíficos eran brutalmente golpeados, perseguidos y detenidos por orden del presidente del gobierno socialista de Cuba.

Dicen que vista hace fe, y en esta segunda ocasión no solo los votos de condena aumentaron con respecto a la contundente resolución aprobada en junio (de 386 eurodiputados a 426) sino que los emitieron las tres principales corrientes políticas de esa cámara, incluidos los socialistas. Estos accedieron masivamente, entre otros puntos, a condenar la represión gubernamental tras el 11J y a llamar a las autoridades cubanas a escuchar y responder a las demandas de derechos civiles y políticos, y de libertad y democracia, entablando un diálogo nacional inclusivo.

Como la anterior aprobada en junio, la nueva resolución de la Eurocámara sobre la represión gubernamental de las protestas y de los ciudadanos en Cuba” presenta información precisa y actualizada sobre lo que ocurre en la isla, lo cual revela la atención que hoy se presta a las organizaciones independientes.

Sin embargo, quienes acabaron de convencer a los eurodiputados fueron sin duda los miles de cubanos que salieron a manifestarse contra el sistema en las calles el 11 de julio, en abierto desafío a uno de los regímenes más represivos del mundo, pero que además tuvieron muy presente la importancia de dejar constancia gráfica de todo y usar las redes sociales para sacarla al exterior. Esto último, en presencia de varios decretos gubernamentales punitivos, suponía un riesgo adicional que los enardecidos periodistas ciudadanos asumieron sin vacilar.

Ni a los parlamentarios europeos ni a nadie que haya visto en el mundo los cientos de videos captados sobre las manifestaciones pacíficas del 11-J y la subsiguiente ola represiva (sobre esta FHRC preparó un ilustrativo resumen que puede verse aquí) le puede honestamente quedar duda de que el pueblo de Cuba está harto de quienes le gobiernan, ni de que la isla es gobernada por una brutal dictadura.

Si ya no estás solo, cubano, es porque el 11 de julio te decidiste a ignorar al policía que te sembraron dentro, y a gritar en las calles tu verdad, pero también a dejar plasmados en video el grito y la represión y exponerlos para que el mundo juzgue por sí mismo.

Por Rolando Cartaya