La semana pasada, en un aniversario de las Brigadas Médicas “Henry Reeve”, el ministro de Salud Pública de Cuba, José Ángel Portal Miranda, exaltó en Facebook la que llamó “noble labor” de estos contingentes especializados en desastres naturales y graves epidemias. Nada casual el uso del calificativo porque enseguida recordó las propuestas para que se les otorgue el Premio Nobel de la Paz, y aseguró que lo que impulsa a estos médicos es “el compromiso con la más humana de las vocaciones”.

Esa misma semana se conocieron dos noticias que ponen al desnudo el interés de lucro del gobierno de Cuba con estas brigadas internacionales, mientras en la isla tanto la población como los médicos que la atienden continúan desprotegidos ante el Covid-19.

Portal Miranda reveló que hasta la fecha Cuba ha despachado al extranjero para ayudar con la pandemia 4.982 médicos y otros trabajadores de la salud agrupados en 57 brigadas. Esos médicos los necesitaban ante todo sus pacientes en Cuba cuando sus colegas y el sistema de salud de la isla caminaban hacia el colapso frente a la pandemia. Pero los oligarcas del grupo militar empresarial GAESA los mantuvieron produciendo dólares para sus hoteles de lujo y sus cuentas privadas en paraísos fiscales offshore.

Con 585 miembros, la brigada médica cubana enviada a la Ciudad de México en el verano de 2020 fue una de las más numerosas. Un senador oposicionista, Julen Rementería, del Partido Acción Nacional, consultó durante seis meses documentos oficiales y la semana pasada confirmó que, por tres meses de trabajo, la Secretaría de Salud de esa capital, SEDESA, pagó al MINSAP cubano 255 millones de pesos mexicanos, o 12, 5 millones de dólares.

“Cada uno nos costó 437.390 pesos” señaló el legislador, lo que significa que La Habana recibió unos 145.000 pesos mensuales ─que le fueron pagados en euros─ por cada cooperante. Rementería se quejó de este pago excesivo, comparado con una media de $17.000 pesos mensuales devengados por los médicos mexicanos.

Sin embargo, investigaciones reveladas esta semana en una carta del Senador estadounidense Bob Menéndez al secretario de Estado Anthony Blinken indican que los galenos recibieron cada mes 220 USD, o $4.400 pesos mexicanos, confirmando el patrón de despojo salarial que La Habana aplica a estos contingentes al quedarse con los restantes 140.600, el 96,07 por ciento de lo que pagó SEDESA por cada colaborador cubano.

¿A DÓNDE VA EL DINERO?

Funcionarios del MINSAP cubano suelen asegurar que el dinero arrebatado de los salarios de los médicos internacionalistas va al sostenimiento del sistema de salud, pero el impacto de la pandemia en la isla vino a demostrar que el sistema tenía pies de barro.

En julio Cuba alcanzó la tasa de contagio per cápita más alta de coronavirus en las Américas (55 por cada 100 mil), y una de las tasas de mortalidad semanales más altas del mundo.

Este fue el resultado de la falta de camas, antibióticos, pruebas PCR y de antígenos, oxígeno, ambulancias, nasobucos, de las colas para adquirir artículos de primera necesidad; y también, de la abrumadora carga de trabajo a la que se vieron sometidos los médicos que permanecían en la isla, durmiendo pocas horas y sin medios para salvar a sus pacientes ni protegerse ellos mientras casi cinco mil colegas se encontraban en el extranjero ganando moneda dura para el régimen. Por eso, unas declaraciones en las que el primer ministro Manuel Marrero pretendía culparlos por la situación provocaron la indignación y una contundente respuesta en las redes sociales de decenas de médicos holguineros.

No sólo estaban dando el máximo en su trabajo, sino que, aunque el gobierno lo ha mantenido en secreto, 76 de ellos han entregado sus vidas en esa desigual batalla. Esa es la cifra que, con nombres, apellidos, especialidades y provincia pudo compilar y enviar al exterior el Gremio Médico Cubano Libre; con la particularidad de que, como personal de salud pública, los fallecidos fueron de los primeros en recibir la supuesta vacuna cubana Abdala que, obviamente, no los inmunizó contra la enfermedad.

Pero además estos galenos expusieron sus vidas al trabajar sin los medios de protección y los protocolos adecuados. Así lo denunció en abril el neumólogo del Hospital de Cárdenas, provincia de Matanzas, Aramis Martínez Hernández, cuando él y tres colegas más contrajeron el virus.

“Estuve 16 meses en Arabia Saudita, de ellos, 8 meses atendiendo pacientes positivos de Covid y jamás nos infectamos, porque se llevaban las medidas de protección, de higiene y de seguridad al detalle, existían protocolos de control de infecciones, a todo el personal se le daban y se le exigía la utilización de los medios de protección. Esto no existe en nuestro hospital”, escribió el Dr. Martínez Hernández en su muro de Facebook. ¿La respuesta de los dirigentes? “Ya lo vamos a resolver”, señaló el autor del post.

Los 76 trabajadores de la salud fallecidos en la lucha contra el Covid-19 se convirtieron así en mártires innecesarios de promesas irresponsablemente incumplidas, así como del secuestro de los salarios de los médicos de las brigadas Harry Reeve que, aseguran, son invertidos en el sistema de salud pública de Cuba.

Por Rolando Cartaya